miércoles, junio 09, 2010

Cuando los locos guían a los ciegos

El año pasado por estas fechas vivíamos en un mundo primaveral de brotes verdes en lo económico. Los incipientes signos de recuperación hacían prometérselas muy felices a los mismos economistas que no habían sabido anticipar lo que se venía encima. Lo peor había pasado, la mejora gradual devolvería la confianza al sistema, y las ayudas a la banca restablecerían el crédito que sería el motor que nos devolvería por la senda del crecimiento ilimitado, y todos seríamos felices y comeríamos perdices.

Algunos indocumentados, economistas críticos, de esos que no salen en los medios ni gozan de la consideración de las prestigiosas instituciones políticas y financieras, anunciaban que el cuento no iba a acabar tan pronto ni tan bien. El problema no sería de falta de confianza, sino estructural derivado de una distribución de riqueza muy desfavorable a los trabajadores que se había ido paliando con un aumento del crédito hasta que la burbuja no se pudo hinchar más. Ha pasado como digo un año, y los brotes verdes parecen moribundos (si es que existieron). La inyección de estímulo masiva por parte de los estados ha conseguido mantener apenas con vida al enfermo a costa de aumentar el endeudamiento público. Los estados no tienen la capacidad de sustituir lo que el consumo privado no cubre, y la intervención ha conseguido solo frenar momentaneamente la caída.

Hace año y medio los grandes prebostes trataron de edulcorar las masivas ayudas dadas al sector financiero anunciando reformas y medidas que pusieran coto a los excesos especulativos del mercado. Tanta precaución ha debido parecer innecesaria una vez que se ha visto la excasa reacción que tales medidas han ocasionado en los adocenados ciudadanos. Como la memoria es corta, la desverguenza de estos tipos inmensa, y nuestra mansedad y apatía casi ilimitada, parece que ha llegado la hora de ir saldando las cuentas del banquete especulativo, postpuestas por la vía de la intervención pública.

De repente todo es preocupación por los déficits públicos que ellos mismos han ocasionado por partida doble (por una parte vía hundimiento de ingresos tras el estallido de la burbuja, y por otra parte vía gasto dedicado al estímulo económico). Ahora parece que la culpa es el gasto social y los salarios de los empleados públicos que serán recortados sin que previamente hubieran sido inflados. Ya de paso, y como parece que todo cuela, se mete en el saco un empeoramiento de condiciones laborales.

La receta que se ofrece es simple a la par de estúpida. Se aprieta el cinturón de forma que el dinero se dedique a pagar a los especuladores, que de eso se trata. La demanda se hunde, pero eso se debería compensar con una mayor competitividad y un aumento de la demanda externa que permita mantener la actividad económica. Lamentablemente, con todos los países aplicando la misma receta, parece imposible que aparezca ninguna demanda externa. Como alpinistas atados entre si que se sueltan todos a la vez, nos encontraremos todos cayendo sin que la cuerda esté anclada a ningún sitio firme.

Lo preocupante en este punto ya no es que se nos quiera hacer pagar a los de siempre los excesos que ocasionaron otros. Al fin y al cabo si somos tan débiles de aceptar todo lo que nos pongan por delante la culpa es nuestra. Lo preocupante de verdad es que en su avaricia, estos individuos por medio de sus portavoces en el FMI, Banco Mundial, OCDE, BCE, Comisión Europea etc están poniendo en marcha políticas que llevarán al colapso del sistema, colapso del que van a salir ellos tan perjudicados como nosotros.

El otro día leí una cita de Shakespeare sacada de "El Rey Lear" que sin duda aplica perfectamente:

"Es el mal de nuestros tiempos, los locos que guían a los ciegos."

sábado, junio 05, 2010

jueves, mayo 27, 2010

Julio Anguita

Obtenido del blog La escarpada subida

¿Egoistas o altruistas?

Zappeando en la televisión me encontré el otro día con una de esas pequeñas perlas de información que de vez en cuando recibimos casi al azar pero que se te queda grabada. Se trataba de una entrevista en el programa Redes a un especialista en el análisis del comportamiento humano.

El entrevistado comparaba comportamientos en chimpancés y en humanos calificando a los primeros como animales sociales, y a nosotros mismos como super-sociales. Mencionaba un par de ejemplos ilustrativos al respecto de nuestro caso. El primero era el simple hecho de saludar a un desconocido con el que uno se cruza en un ascensor y al que probablemente no vaya a ver nunca más. Que tales comportamientos se den por supuesto cuando carecen de utilidad es un claro indicativo de nuestra condición social.

Lo que realmente me llamó la atención era el segundo ejemplo al respecto de nuestra innata tendencia altruista con nuestros semejantes. Para demostrarlo mostraban un experimento sencillo hecho con niños de poco más de un año. Una persona se ponía al lado del niño intentando con gestos exagerados alcanzar un objeto, pero sin conseguirlo. La respuesta del bebé, sin que en ningún caso conociera al adulto y sin que mediara ningún gesto ni petición, era la de coger el objeto y dárselo. Un gesto sencillo de ayuda sin esperar beneficio a cambio por parte de un niño que aún no ha sido socializado, algo que nos puede parecer natural pero que el entrevistado explicaba como excepcional comparado con el comportamiento de otras especies.

El asunto me parece relevante porque, como ya mencioné en el pasado en este blog, es la concepción del hombre como naturalmente egoísta o altruista una de las bases principales que cimientan el pensamiento político. El izquierdista clásico pretende una sociedad basada en la cooperación y el beneficio mutuo, mientras que el derechista defiende un sistema en el que la competencia en busca del beneficio propio haga avanzar a la sociedad.

Resulta evidente tanto para unos como para otros, que la concepción del mundo de la izquierda es más deseable, el desacuerdo consiste realmente en si esa sociedad es posible de acuerdo a la condición humana. El derechista considera tal cosa un imposible basándose en un supuesto egoísmo natural en la gente que hace que solo se esfuerce en su propio beneficio. El izquierdista sería un optimista utópico con ideas propias de la ingenuidad juvenil que la persona de derechas ya habría superado.

El gesto del niño agachándose para acercar el objeto caído al adulto resulta enormemente simbólico y nos abre la puerta a un mundo diferente al que se nos suele presentar. Un mundo de empatía, de donantes de sangre y órganos, de voluntariado social, de hospitalidad, de esfuerzo compartido ante una catástrofe, de llanto por el dolor ajeno, de trabajo en equipo. Son esos comportamientos lo que nos hacen reconocernos como humanos al contrario de lo que se nos quiere hacer creer por parte de aquellos cuyo egoísmo y avaricia les lleva a la acaparación sin límites. Lazos de solidaridad que solo mediante la propagación del miedo y la inseguridad, mediante la ruptura de un sentimiento natural de hermandad entre semejantes y la conversión de las demás personas en entes ajenos, lejanos y abstractos, carentes de humanidad real, pueden ser destruidos.

Cierro citando a Keynes en su artículo “Las posibilidades económicas de nuestros nietos”.

Cuando la acumulación de riqueza ya no sea de gran importancia social, habrá grandes cambios en los códigos morales. Podremos librarnos de los principios seudomorales que han pesado durante doscientos años sobre nosotros, siguiendo los cuales hemos exaltado algunas de las cualidades humanas más desagradables, colocándolas en la posición de las virtudes más altas. Podremos permitirnos el atrevimiento de dar a los motivos monetarios su verdadero valor. El amor al dinero como posesión será reconocido por lo que es, una morbosidad repugnante, una de esas propensiones semidelictivas, semipatológicas, que se ponen, encogiendo los hombros, en manos de los especialistas en enfermedades mentales. Nos liberaremos y descartaremos de todo tipo de costumbres sociales y prácticas económicas, que afectan la distribución de la riqueza y las recompensas y castigos económicos, que ahora mantenemos a toda costa, a pesar que sean desagradables e injustas, porque son tremendamente útiles en promover la acumulación de capital.

martes, mayo 04, 2010

Hacienda y yo.

Esta semana tocaba presentar la declaración del IRPF. Cuando reviso mis datos que (justo es admitirlo) tan eficientemente nos manda AEAT, me doy cuenta de que pago una cantidad muy importante al final del año. No soy yo de los que se quejan por el sueldo que les paga su empresa, la mía no paga mal, y a mí en concreto me parece que me paga bastante bien.

¿Y porqué me cuento esto a mi mismo (y a quien pase por aquí)? Pues porque el sentimiento asociado a hacerme consciente de la importante cantidad que aporto al erario público no es el de sentirme expoliado, lo que contrasta con las habituales quejas de todos los contribuyentes con los que me cruzo. Una vez más queda claro que mi forma de pensar se encuentra bastante desacoplada con las de la mayoría.

Analizo los datos y todo lo que nuestro famélico Estado me provee a cambio de lo que aporto: sanidad, educación, obras públicas, seguridad… Pagando seguramente por encima de la media, no tengo la percepción de dar más de lo que recibo (algo que por otra parte me produciría una mayor satisfacción). Lo que realmente me haría sentir bien es pensar que con mi aportación estoy contribuyendo al beneficio común por encima de lo que me lucro de él, pero no me salen las cuentas.

Cuanto más reflexiono más me cuesta entender porqué lo que resulta evidente para mí es tan difícil de comprender por mis conciudadanos.

jueves, abril 08, 2010

Garzón y los crímenes del franquismo

Si el motivo de escribir en este blog es normalmente plasmar a modo de diario las cosas que me rondan en la cabeza, labor que suelo realizar aprovechando mis tiempos de ocio, el mensaje de hoy resulta algo atípico. Escribo esto desde la indignación, la impotencia y la rabia, interrumpiendo mi trabajo para intentar expulsar parte de ellas y liberarme para poder retomar mi jornada laboral.

Un tipo con cargo de juez, a la cabeza de una panda de colegas, supuestos expertos en leyes y profesionales del derecho, se aprestan a inhabilitar al juez Garzón por haber osado intentar enjuiciar los crímenes del franquismo. No se me ocurren calificativos adecuadamente gruesos para dedicar a todos estos reputados juristas, pero si me permito expresar mis dudas al respecto de su conocimiento de lo que es la vergüenza, y mi certeza de que no saben lo que es la justicia.

Desconozco si la motivación de estas actuaciones radica (como se dice) en odios y rencillas personales que alguien con principios hubiera sabido dejar de lado al ejercer su profesión. Tampoco sé (aunque sospecho) hasta que punto es reflejo de la presencia en nuestro poder judicial de individuos de ideología reaccionaria que se sienten atacados personalmente desde su proximidad sentimental con la sangrienta dictadura franquista. Me permito incluso aventurar que la implicación de alguno de ellos con dicha dictadura puede llegar al punto de la complicidad en los delitos que se cometieron y de los que se beneficiaron, lo que explicaría el celo con el que tratan de evitar que el tema se saque a la luz.

Lo anterior lo desconozco (por más que abrigue enormes sospechas), pero de lo que no tengo ninguna duda es de que la soberanía en todo el ámbito social, y entre ellas el determinar lo que es justo y legal, son mías y de todos los individuos que formamos el pueblo español, y que aquellos que detentan el poder judicial lo hacen en nuestro nombre. Y digo esto porque como empleados que trabajan a mi servicio, creo que todos los que están participando en esta farsa han demostrado ya su incapacidad para cumplir con la misión que les hemos dado.

Ahora me toca a mí, como miembro del pueblo soberano, intentar destituir a tan inútiles servidores públicos. Demasiado tiempo hemos negligentemente permitido que algunos impresentables individuos se enseñoreen en el ámbito de la judicatura actuando como si fueran sus dueños. Demasiado tiempo también hemos negligentemente permitido que los crímenes de la dictadura quedaran impunes, para vergüenza nuestra y escarnio de nuestros padres y abuelos que los sufrieron.

Me exijo a mi mismo y exijo a IU en cuya organización milito, que la reparación de dichos crímenes se conviertan en objetivo prioritario de su línea política, sin que ninguna negociación permita que dicha exigencia vuelva a post-ponerse, negándose a colaborar en ningún ámbito con organizaciones y partidos que no compartan los mismos objetivos. No podemos compartir ni un minuto, ni un gobierno, ni un acto común, con aquellos que bien desde la acción o desde la inacción, sigan contribuyendo a que no se haga justicia en un tema tan grave, mientras nuestros viejos familiares se siguen muriendo sin haber disfrutado de la reparación que merecen.

Ruego igualmente a aquellos que comparten este deseo de justicia hacia las víctimas del franquismo desde posiciones políticas diferentes a la mía, que exijan a los partidos que les representan que se acabe con tanto silencio y tanta impunidad, y que actúen en consecuencia ante el incumplimiento de este mandato retirándoles el voto y la afiliación.

Me sumo también en la llamada a todas las personas justas de este país a todos los actos convocados en defensa de la reparación y el enjuiciamiento de los crímenes del franquismo, empezando por el acto sindical en apoyo al Juez Garzón que tendrá lugar el próximo 13 de Abril a las 11:30 en el anfiteatro “Ramón y Cajal” de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.

Suscribo finalmente la declaración de CCOO y UGT en apoyo del Juez Garzón ante los hechos tan graves a los que estamos asistiendo.

sábado, marzo 27, 2010

Consumo y reconocimiento social con recursos limitados

Tengo un coche de 10 años y 200 mil kilómetros que utilizo para ir a trabajar y que el año pasado estaba planteándome seriamente cambiar al abrigo de las ayudas y buenos precios. Un año ha pasado y mi compulsión consumista se ha pasado algo; el coche sigue funcionando y no tiene problemas salvo el desgaste normal, y creo que lo voy a estirar hasta que el desgaste mecánico me haga más caro mantenerlo que cambiarlo. Cuento esto porque es interesante auto-analizarse detrás de lo que parecen decisiones racionales, ¿me he vuelto más racional, o simplemente la presión social por el consumo compulsivo es menor?

Confieso que no tengo respuesta clara, pero si hay alguna pista. Buena parte de la satisfacción que genera el consumo excesivo viene de la mano del reconocimiento social que comporta. En mi oficina hay pocas plazas de aparcamiento que quedan solo para los puestos directivos de las empresas. El nivel de los coches de mis convecinos oscila desde el Golf nuevecito y los coches de alta gama, mi Seat Arosa básico y viejo resalta entre tanto lujo y uno sospecha miradas despectivos entre alguno de ellos camino del ascensor. No soy inmune del todo al qué dirán, pero confieso que salirme de la norma me da alguna satisfacción, sobre todo cuando dicha norma vienen de gente por la que a priori y sin conocerlos personalmente no guardo gran admiración.

Si el entorno laboral puede empujar hacia el cambio de coche, no todo tienen el mismo efecto. Cuando me junto con compañeros de IU a los que casi no conozco me da cierto apuro llevar el flamante casi nuevo SUV de mi esposa (no lo corrijo, pero obviamente es de los dos aunque ella lo usa a diario, ¿me averguenzo?). En un entorno socioeconómico diferente puede resultar insultante lo que se puede ver como puro derroche.

Algo similar ocurre en un caso de limitación de recursos como el del uso del agua. Con una presión oficial hacia la limitación de su consumo que se expande por todos los medios de comunicación, el tener como en mi caso un jardín con cesped exige afrontar las críticas de muchos vecinos que lo consideran una actitud egoista por más que pague religiosamente el coste correspondiente (bastante elevado en mi municipio). Si estuvieramos en una situación real de problemas de suministro la presión sería sin duda excesiva hasta el punto de que cambiara mis hábitos y eliminara el cesped.

No hay nada nuevo en todo lo anterior, pero da lugar a interesantes reflexiones. y es que en un entorno de recursos limitados, el consumo excesivo conlleva el desprecio social y queda desincentivado. Si la crisis se mantiene y se acentúa es probable que los crecientes problemas en capas amplias de la sociedad lleven a un a su vez creciente malestar hacia las ostentaciones de consumo, lo que supondrá un problema para mantener la lógica del sistema.

sábado, marzo 20, 2010

La batalla contra el excepticismo

En la discusión política surgen numerosos ejes en los que posicionarnos y que nos sitúan dentro de ese espacio multidimensional. La página Political Compass plantea un test que nos posiciona en torno a dos ejes, izquierda-derecha, autoritarismo-libertarismo que ayuda a hacer una diferenciación más fina que la clásica en un solo eje, permitiendo por ejemplo entender como extrema derecha posicionamientos que se califican de centristas por el solo hecho de no defender el autoritarismo ligado al fascismo.

En realidad se me ocurren muchos otros asuntos que resultan transversales a lo que entenderíamos como izquierdismo y derechismo. Así encontraríamos en España la defensa de un modelo de estado más o menos centralizado, e igualmente podríamos hablar del pensamiento ecológico, etc. Que entre la izquierda predomine por ejemplo una visión más ecológica no implica que dichos pensamientos no puedan darse igualmente en gente perfectamente de derechas y que no existan en otras gente que se autocalifican como de izquierdas.

Ya me he decantado en el pasado por el igualitarismo como único elemento que permite identificarse de verdad con el izquierdismo. Frente a ello estarían pensamiento ligados al darwinismo social que defienden la supremacía del "mejor" como elemento clave para un progreso que se debe despojar para ello de todo humanitarismo que lo frene. El problema se podría resumir en una preferencia por un modelo que busca maximizar el bienestar mínimo frente a la opción de aumentar el bienestar total sin importarle arrojar a parte de sus miembros a la miseria.

La gran derrota de la izquierda tradicional ha venido cuando las socialdemocracias han asumido que los intentos de controlar la asignación que el mercado hace de los recursos en busca de un reparto más justo llevan intrínsecamente ligados el descenso del resultado global y por tanto del bienestar de las clases más necesitadas. Es una izquierda que ha perdido la fé en poder cambiar las cosas, y se limita a intentar limar un poco los excesos más extremos del sistema. Es una izquierda que piensa que la izquierda no es posible y que aunque siga defendiendo un igualitarismo en aspectos como la libertad sexual, el racismo o la discriminación de género, se ha rendido a perseguirlo en materia económica.

Frente a esa izquierda que ya no lo es, estamos quienes hemos seguido defendiendo que hay otro mundo posible que pasa efectivamente por un creciente control público en el ámbito de lo económico. De las dificultades de la planificación total de la economía en ausencia de mercado sabemos por la experiencia soviética. De la catástrofe a que lleva el dejar al mercado actuar libremente hemos sabido siempre en forma de bolsas de miseria a las que no hemos querido mirar cuando nos encontrábamos entre los afortunados durante la bonanza. Nos resultará mucho más difícil obviarlo cuando la crisis generalizada del sistema nos arroje a posiciones menos privilegiadas.

Si el pensamiento social tiene como dicen algunos un componente pendular importante, es innegable que ahora mismo los ojos tienden a volverse hacia el fortalecimiento del papel de lo público en la regulación económica. Creo también que afortunadamente los patéticos intentos de volver al liberalismo salvaje chocarán con la tozuda realidad de una debacle económica que no va a desaparecer por el hecho de creer en ello; y si bien llevará algún tiempo expulsar de las mayorías el pensamiento dominante, estoy convencido que es un proceso inevitable en un grado por determinar.

Aunque el viento vaya soplando a nuestro favor, tenemos la responsabilidad de poner encima de la mesa algo más que viejas recetas. Existen retos y problemas que nosotros desde la izquierda no podemos tampoco obviar. El dilema de conseguir que lo público no sea identificado como ineficiente es uno de ellos, y es que resulta evidente que existe una dificultad para conseguir que todo el mundo arrime el hombro cuando el objetivo final no es el puro beneficio particular, sino el común. Otro no menos importante consiste en que sepamos dotarnos de métodos de participación democrática no solo en la esfera de lo político-legislativo, sino también en lo económico, evitando que tendamos al establecimiento de oligarquías que dominen la toma de decisiones importantes. Si somos capaces de hacer planteamientos novedosos y creíbles que nos alejen de la identificación del socialismo con el autoritarismo y la ineficiencia, estaremos preparados para convencernos primero a nosotros mismos y posteriormente a nuestros conciudadanos de que tenemos una alternativa que no sea simplemente menos mala que este cruel e inhumano sistema en el que de momento sobrevivimos.

Yo soy un 0ptimista de fondo, y defiendo que la humanidad tiene mucha más tendencia al altruismo, a la colaboración y a la empatía de lo que nos quieren hacer creer. Ante la imposibilidad de convencer a la gente de lo deseable de que el fuerte pise al debil en su crecimiento, las clases favorecidas han triunfado en llevar a la gente al pensamiento de que no hay alternativas; el resultado es una ciudadanía escéptica y que prefiere no participar activamente. Romper con ese excepticismo será clave para que por fin las cosas cambien.

sábado, marzo 13, 2010

Consultorio de parados

Los jueves recojo a mi hijo de su entrenamiento de baloncesto. De Madrid (donde trabajo) a Guadalajara (donde vivo) hay una hora y para evitar que espere mucho intento salir del trabajo pronto. En la radio del coche como casi siempre la Cadena Ser, con la que mantengo una relación masoquista, no me gusta, me resulta despreciable su simbiosis con ciertos sectores del PSOE y su imagen de progresista que esconde su defensa de los intereses empresariales de sus dueños y su total alineación con el pensamiento único. No hay por otras partes muchas alternativas para oir, al menos en la radio de mi viejo SEAT Arosa.

La radio me acompaña en mis horas de desplazamiento al trabajo siempre, pero lo del jueves por la tarde es especial. Gemma Nierga, por quien no siento gran simpatía, invita a un par de individuos cuyo curriculum será sin duda generoso dado su actuación como voceros del sistema, uno desde el más rancio e intragable neo-liberalismo, otro desde posturas supuestamente moderadas que no representan más que la cara amable, descafeinada, que prentende enganchar a los que no tragan con la ideología neo-liberal sin rebajar. De este segundo no recuerdo el nombre, del primero se que se apellida Niño, y que tiene la desvergüenza habitual de los que se sienten seguros al propagar una propaganda oficial que, siendo fácil de cuestionar desde posturas mínimamente críticas, nunca va a encontrar resistencia en los medios de comunicación mayoritarios. Que estos ineptos caraduras mantengan las mismas posturas de antes de la crisis a la que su ideología nos ha llevado resulta igual de sorprendente por la falta de la más mínima auto-crítica que uno supondría de una persona decente, como por la facilidad con que la gente se lo traga. Pero me desvío (debe ser la cerveza y el vinito que me acabo de tomar), este es un tema en el que merecerá la pena entrar de nuevo posteriormente.

Me centro de nuevo. A la hora en que voy camino de recoger a mi hijo, en la SER se hace una especie de consultorio para parados. A mi particularmente todo me huele a rancio en esta parte del programa, y me retrotrae a mi niñez cuando alguna vez oía a Elena Francis aconsejar a sus atribuladas oyentes al respecto de sus problemas sentimentales. Al teléfono desesperados trabajadores en paro que nos cuentan a todos sus miserias, su búsqueda de trabajo despues de meses de paro y mil intentos de encontrar trabajos alternativos. En el estudio, nuestros eruditos supuestos economistas aconsejan recetas estúpidas:

A la parada de 59 años y algo yuppy a la que ha dejado en el paro una gerencia deshonesta
-Si tu empresa ha cerrado hay un mercado destendido, deberías hacerte autónoma y cubrir ese mercado (el subnormal no sabe si la mujer representaba a un fabricante de chorizos o si era un consultor en temas de recicjale)
Al experto en demoliciones
- Pasaté al reciclaje, que se parece y tiene mercado (sin duda, las empresas de reciclaje ofrecen hoy en día trabajos a miles, el que no los coge es que es lerdo)

Sus recetas habituales son de libro, movilidad geográfica, formación, hacerse autónomo. Por debajo un mensaje de fondo, el parado es culpable de su situación por falta de iniciativa, por falta de flexibilidad, por falta de esfuerzo, por mala planificación... Es lo propio de los que nunca van a cuestionar que el sistema es una mierda, una máquina irracional que nos lleva al abismo y que apisona a la gente en la inseguridad y la depresión de sentirse un inútil, mientras intenta garantizar sus beneficios a la oligarquía dominante. Casi más sorprendente es que los receptores de los simplistas consejos no les manden a paseo usando palabras gruesas.

La guinda la pone esa llamada de vez en cuando de alguien que ofrece un trabajo. Tan desesperado me resulta intentar trabajo llamando a la radio como estúpido ofrecerlo por esta vía. Gemma está encantada de si misma, parece que ha puesto a un trabajador en contacto con un empleador mientras por debajo subyace un tufo de que el que ofrece el puesto de trabajo va haciendo una obra caritativa con ese bueno-para-nada oyente parado.

Todo me resulta insoportable.

sábado, febrero 06, 2010

Los valores de nuestra sociedad

Soy sin duda una persona anacrónica y desacompasada de la sociedad que me rodea. No me reconozco en mis conciudadanos, no pienso como la mayoría, no aprecio lo que aprecia la gente, repudio los sentimientos grupales, me gusta sentirme individuo libre, me rebelo contra los principios de autoridad vacíos y contra el seguidismo de la mayoría. Me fuí a vivir lejos de Madrid y no me importa conducir 100 kilometros todos los días con tal de abandonar el entorno humano y sus aglomeraciones porque desprecio en lo que nos convertimos cuando somos solo un número en el rebaño.

Para conocer cuales son los valores que realmente aprecio se puede acudir al final de "Cyrano de Bergerac", uno de mis personajes literarios favoritos:
Ahora os reconozco,sois mis viejos enemigos que me lanzáis avisos; la mentira, la cobardía, los compromisos…
Ya sé que conmigo finalmente vais a acabar; No importa:¡A luchar! ¡a luchar! ¡a luchar!
Sí, todo me lo quitaréis,el laurel y la rosa, llevároslos, pero me queda una cosa que me llevo, y esta noche cuando entre en la Casa de Dios brillará intensamente mientras diga mi último adiós.
Algo que inmaculado meceré en un arrullo,y me lo llevaré para siempre, y es: MI ORGULLO.
Es en mi vida un objetivo el honrar la palabra dada, el defender lo que creo justo, el no mentir ni engañar, ni aprovecharme de los demás. Intento transmitir mis valores a mis hijos, la libertad para pensar, creer y actuar y el no sucumbir a las corrientes dominantes, ni a los tabues, ni a los prejuicios; pero tampoco a la autocomplacencia. Y por supuesto el respeto a los demás como individuos igualmente libres, el no creerse ni superior ni inferior a nadie ni merecedor de más ni menos que los que nos rodean, el sentir empatía ante los problemas ajenos e intentar obtener el progreso personal como parte del progreso común a traves de la colaboración en lugar de la competencia.

Miro el mundo en el que vivimos y no me puedo reconocer en el. Una sociedad que considera el beneficio particular como medida del valor de las personas, sin importar los medios que se han utilizado para obtenerlo. Una sociedad que considera al altruista y al utópico como pobres estúpidos y que mira hacia otro lado o justifica las injusticias y miserias a partir de una autocomplaciente y egoista cultura del mérito.

Pero los valores de nuestra sociedad solo reflejan la imposición de una ideología al servicio de la sociedad capitalista/consumista en la que vivimos. Con una economía basada en la competencia y el egoismo como motor del progreso, en la búsqueda del beneficio propio aún a costa del perjuicio ajeno, el triundafor necesita un esquema de valores que le otorgue el reconocimiento de los demás; porque como animales gregarios que somos, es el reconocimiento un elemento clave sin el cual el éxito económico estaría vacío.

No bastará el empeoramiento económico y la crisis para que la gente esté preparada para luchar por un mundo diferente si no conseguimos un profundo cambio de valores entre nuestros conciudadanos.

domingo, enero 31, 2010

Las mentiras repetidas y las pensiones

Es de lo más deprimente. Ayer comí con mi familia, todos votantes de IU de toda la vida. Ante mi pregunta de qué les parecía lo del retraso en la edad de jubilación mis padres y dos de mis hermanos me contestaron que era normal dado el crecimiento de la esperanza de vida. A mi otro hermano no le debía parecer muy relevante y no tenía opinión, y solo mi cuñado echaba pestes.

Si esto es lo que encontramos dentro de ese 3-4% de votantes fieles de IU solo hay una conclusión: nos van a seguir dando por detrás a gusto dada la facilidad con la que la gente se traga los discursos oficiales. Para llorar.

Por si algún despistado pasa por aquí y aún quiere formarse una opinión, recomiendo el blog de Vincenc Navarro en el link siguiente.

Poco puedo añadir yo, pero para quien no quiera perder el tiempo, un par de reflexiones:

¿Como cuadra el supuesto problema del aumento de población jubilada con el fuerte incremento de población trabajadora dada la incorporación de mujeres al mercado de trabajo?

¿No sería más lógico acabar con el paro como medida para lograr mayor número de cotizantes? ¿De que sirve lanzar algunos cientos de miles de trabajadores más a un mercado laboral que tiene ya a más de 4 millones de parados?

Estaba claro que despues de haber lanzado dinero a las empresas para estimular la demanda intentando volver al ciclo de crédito, llegaría el momento de que alguien pagara la cuenta. Ese alguien vamos a ser nosotros, y en los próximos meses nos vamos a ir enterando según las presiones sobre el gobierno para rebajar el déficit público vayan haciéndole rebajar la inversión pública y erosione nuestros precarios sistemas de protección social.

¿Nos quedarémos cruzados de brazos?

domingo, diciembre 27, 2009

Ciudadanos irresponsables

Para todos los que intentamos activamente luchar por un mundo mejor, resulta extremadamente exasperante el comportamiento de nuestros conciudadanos. Los problemas, las injusticias, las derivas desastrosas nos rodean mientras que nuestra sociedad mantiene el rumbo como si fuera un conductor borracho que se dirige a un despeñadero.

Derrochamos mientras la gente pasa inmensa miseria, consumimos recursos energéticos al borde del agotamiento sin que por ello tomemos medidas para prepararnos para el futuro, asistimos a procesos de desforestación, a extinciones masivas de animales, a agotamiento y contaminación de recursos hídricos, a la esquilmación de recursos pesqueros y a mil desastres medioambientales, la población crece de forma insostenible para un planeta limitado. Hay ejemplos numerosos en temas más o menos graves en los que asistimos a situaciones dañinas e insostenible sin que avancemos en las soluciones.

Lo paradójico de la situación es sin embargo que no parece faltar conciencia de los problemas. Todos los asuntos mencionados están en la cabeza de casi todo el mundo y pueden constituir la base de charlas entre amigos en las que todos coincidimos en la gravedad del tema. Sin embargo todos volvemos a nuestra vida sin que parezca que ninguno tengamos ninguna responsabilidad en los asuntos comunes. ¿Como es posible conciliar esa aparente conciencia de los problemas con la inacción en las soluciones? Como ciudadanos individuales actuamos con la irresponsabilidad de niños pequeños que observan como los adultos se hacen cargo de los problemas. Nos lavamos las manos y nos seguimos quejando, pero puntualmente avalamos con nuestro voto las mismas políticas que criticamos. Mientras vivimos en una especie de feliz estupidez pensando que alguien tripula la nave y encontrará las soluciones que necesitamos. Sin embargo la nave la tripula gente sin escrúpulos, tan estúpidos como nosotros, que tan solo buscan beneficios egoistas inmediatos dejando a los siguientes las soluciones.

A estas alturas del partido todos debíamos de ser conscientes de nuestra capacidad para postponer las actuaciones hasta que ya no hay salida. Ha ocurrido ya muchas veces como para que nos podamos llamar a engaño, y sin embargo la magnitud de los problemas no parecen provocar un cambio de actitud. Y el tiempo se nos agota mientras las consecuencias de nuestros actos caen sobre nosotros. De nuestra capacidad de tomar las riendas de nuestros problemas depende lo que nos avecina. De dejar atras nuestra estúpida actitud infantil que piensa que son otros los que están capacitados de sacarnos de los problemas depende nuestro futuro.


domingo, diciembre 20, 2009

Toros no, pero...

Es este debate de los toros creo un mero asunto de plazos. Resulta anacrónico con los valores actuales de nuestra sociedad un espectáculo que se recrea en ver como se acaba con la vida de un animal. Tal cosa se refleja en el continuo descenso del interés de la gente por las corridas, y finalmente en que se vayan tomando medidas legislativas en su contra. Estoy convencido de que en 20 años ya no quedará ni debate.

Que el espectáculo, por más que pueda ser estéticamente bello para los entendidos, resulta poco edificante me parece indiscutible. Hace falta una absoluta falta de sensibilidad hacia el sufrimiento de los animales para poder llegar a entrar en mayores profundidades al respecto de su belleza. Como ya digo creo que el tematiene los días contados según la sociedad va adoptando nuevos valores, y sin embargo el tema me sigue resultando interesante. Es realmente una pena que el nacionalismo que todo lo emponzoña haya decidido tomar este asunto como su bandera. Flaco favor hacen a los anti-taurinos las adhesiones de los estúpidos de siempre que quieren convertir esto también en un debate de patrias. Como parásitos se suman a una causa justa para acabar enfermándola. Y digo que es una pena porque desnudo de argumentos tan falaces el debate da bastante juego.

Sabemos de sobra las razones de los enemigos de los toros, pero debo de admitir que sus defensores no presentan argumentos vacíos. Se centran estos en que el destino del ganado bovino no deja de ser el del sacrificio, y que comparativamente resulta mucho mas "natural" y "humanitaria" la vida de un toro de lidia, que pasa su crianza en libertad y que muere en una lucha por su vida, que las granjas estabuladas masificadas y las cadenas de montaje de los mataderos. Según ellos, las circunstancias de la muerte serían en cualquier caso el precio a pagar por una mejor vida anterior, dado que sin lo uno no habría lo otro. Tampoco resulta absurdo su defensa del espectáculo en si como una "educativa" enseñanza de las reglas de la vida. Se mata o se muere, se mata de hecho todos los días para poder comernos ese chuletón, y ocultar este hecho como si los filetes y el pollo nacieran en los árboles no resulta nada más que pura hipocresía.

En realidad admito que creo que tienen buena parte de razón, pero en cualquier caso sus motivos no me acercan a sus fines, sino que me llevan a plantearme el debate sobre el vegetarianismo y la ética del consumo de animales; un debate que creo que será mucho más vivo dentro de los mismos 20 años que citaba anteriormente, y en el que mis hábitos carnívoros estan en creciente discrepancia con mis principios.

sábado, diciembre 12, 2009

El dilema del prisionero, clave para la izquierda


Para quien no sepa nada de la Teoría de Juegos, y gentileza de Wikipedia

Dilema del Prisionero

El dilema del prisionero es un ejemplo claro, pero atípico, de un problema de suma no nula. En este problema de teoría de juegos, como en otros muchos, se supone que cada jugador, de modo independiente, trata de aumentar al máximo su propia ventaja sin importarle el resultado del otro jugador. Las técnicas de análisis de la teoría de juegos estándar, por ejemplo determinar el equilibrio de Nash, pueden llevar a cada jugador a escoger traicionar al otro, pero curiosamente ambos jugadores obtendrían un resultado mejor si colaborasen. Desgraciadamente (para los prisioneros), cada jugador está incentivado individualmente para defraudar al otro, incluso tras prometerle colaborar. Éste es el punto clave del dilema.

En el dilema del prisionero iterado, la cooperación puede obtenerse como un resultado de equilibrio. Aquí se juega repetidamente, por lo que, cuando se repite el juego, se ofrece a cada jugador la oportunidad de castigar al otro jugador por la no cooperación en juegos anteriores. Así, el incentivo para defraudar puede ser superado por la amenaza del castigo, lo que conduce a un resultado mejor, cooperativo

El dilema del prisionero nos explica extremadamente bien la deriva que ha tomado la economía en los últimos años. Cuando a principios de los 80 el Reino Unido y EEUU deciden apostar por una máxima desregularización de sus mercados, por la erosión de los sistemas de bienestar social y una evolución de sus sistemas impositivos hacia una menor progresividad, lo que hicieron fué romper con unas reglas del juego que maximizaban el beneficio común en busca de un beneficio particular. Su posición más competitiva se cimentaba tan solo en la resistencia de los demás a seguir su camino, puesto que si todos los paises hubieran reaccionado de forma inmediata en la misma dirección no hubiera habido beneficio alguno. Existe un simil que leí hace años en el que se equiparaba su comportamiento al de un expectador de un estadio de futbol que se pone de pie para ver mejor. Su comportamiento obliga a los demás a ponerse también de pie de forma que al final todo el mundo ve el partido igual que antes, solo que más incómodos.

Ante una situación en la que un competidor no respeta las reglas del juego solo existe una salida posible si no se quiere perder, y es expulsarle del mismo (el castigo al que se refiere el texto anterior). Esto es algo que se da habitualmente en las relaciones comerciales entre países, de forma que si uno sospecha que los productos que le llegan desde otro llegan a precios competitivos debido a la aplicación de subvenciones públicas (práctica conocida como "dumping") la reacción del país importador será la imposición de aranceles (impuestos a la importación) que devuelvan al producto al precio que debían tener. Es esta continua vigilancia y toma de represalias la base sobre la que se asienta el comercio mundial

La obtención de ventajas competitivas producto de la aplicación de condiciones sociales y laborales más beneficiosas para las empresas es denominada por quienes critican tales prácticas como "dumping social". Ante estas prácticas solo caben dos medidas: aplicar sanciones en forma de aranceles a los productos de los paises que lo practican, o establecer las mismas reglas del juego para no perder competitividad. Es por eso que una Unión Europea que permite el libre tránsito de mercancías sin que se obligue a una armonización de políticas fiscales, laborales y sociales nos condena a un dilema del prisionero en el que llevamos perdiendo la partida y retrocediendo las últimas décadas.

Cuando nuestros políticos y los avispados empresarios argumentan que hay que hacer una reforma laboral (otra más) para hacer la economía más competitiva, nos están diciendo una verdad, pero se están callando otra. Es verdad que en un entorno económico como el que tenemos es dificil adoptar medidas menos favorables a las empresas si no quieres ver a estas perder su cuota en el mercado internacional o deslocalizarse; pero es también verdad que existen medidas alternativas a nivel de la Unión Europea que se pueden tomar para evitar encontrarnos entre la espada y la pared. Si hay que buscar la raiz del problema llegaremos tirando del hilo a un tratado de Lisboa que voluntariamente ha eliminado la posibilidad de armonización en estas políticas clave. Nos han amañado la partida y se han asegurado la victoria.

Si la cosa ya está complicada a nivel transnacional, en España nos encontramos con un caballo de troya interno que magnifica el proceso. Nuestro nunca bien ponderado sistema de autonomías y las tensiones centrífugas de los viejos nacionalismos periféricos. En un momento en que la batalla vital debería ser la lucha contra el "dumping social" como única vía para salvar los estados del bienestar, nuestros ínclitos nacionalistas pugnan por mayores autonomías fiscales y capacidad normativa cuyo resultado no sería otro que la competitividad entre ellas por empeorar las condiciones sociales. No hablamos de futuribles puesto que tenemos ejemplos como lo ocurrido con la cesión del Impuesto de Sucesiones a las Comunidades Autónomas. A la "liberal" Aguirre le faltó tiempo para reducir drásticamente sus tipos arrastrando con ello a una carrera de rebajas fiscales de las demás autonomías que se encontraban con que resultaba facil a los possedores de grandes riquezas domiciliarse en aquellos lugares donde las condiciones fiscales fueran mejores. Que gente que se piensa de izquierdas se convierta en los abanderados de tal proceso solo se explica desde la estupidez y la ignorancia.

Volviendo al tema global, la Union Europea es a la vez un gran riesgo y una fuente de esperanza. Si con su configuración actual nos imposibilita la coordinación económica mínima que slavaguarde al estado social, también es verdad que dada su posición como un enorme actor económico global, si consiguieramos re-orientarla se convertiría en una fuerza clave para cambiar el sistema económico global, algo que los paises por separado nunca conseguirían. El referendum del Tratado de Lisboa en el que como borregos los españoles votamos tan alégremente resultó una dramática derrota, lógica teniendo en cuenta el escaso nivel de información en que se mantiene a la gente

El dilema del prisionero y sus distintas soluciones resulta fundamental a la hora de diseñar las estrategias de la izquierda. Como siempre, conseguir que la gente comprenda cuales son las circunstancias en las que jugamos resultará fundamental para poder lograr apoyos en nuestros empeños entre nuestros desorientados co-ciudadanos.

martes, diciembre 08, 2009

Refundando la Izquierda

Se lanzó de forma pública hace apenas una semana el proceso de refundación de la izquierda aprobado por IU en su último congreso. Me gustaron buena parte de las intervenciones que pude ver gentileza del blog ceronegativo y creo que es genuina la vocación de cambio en casi todos los que en el proceso participan. Existen sin embargo en este momento demasiadas dudas sobre el alcance del proceso, y sería importante que tal cosa se resuelva si no queremos que el edificio se desmorone antes de haberlo construido. Ahí van tres que a mi me parecen fundamentales.

1.- ¿Refundar la izquierda o refundar IU? Hasta en el propio encabezamiento me parece que hay confusión. Me da la impresión de que para muchos el intento es de fortalecer una debilitada IU, lo que en mi opinión sería un grave error. Se debería tratar de definir un modelo organizativo que permita confluir y trabajar coordinadamente a tanta gente que comparte una visión crítica de nuestra sociedad similar si bien con "acentos" diferentes. Si el vehículo para tal travesía debe ser una IU diferente de lo que hay ahora, es una decisión que solo puede llegar despues y ser tomada entre todos los que participen en el proceso.

2.- ¿Estamos ante un debate ideológico u organizativo? Para mi el aspecto central del proceso y el que tiene más riesgo de llevarlo al fracaso. Muchos compañeros parecen escandalizarse ante la idea de no centrar el debate en lo ideológico, y argumentan que una organización no es nada si no está al servicio de una ideología. Así somos la gente de izquierdas, nuestra gran virtud es que somos utópicos y con ideas propias, pero en ello encontramos nuestra condena en forma de dogmatismo y falta de flexibilidad para trabajar conjuntamente. En mi opinión es obvio que existe un sustrato de principios comunes (crítica al capitalismo, sostenibilidad, equidad, libertad, republicanismo...) que evidentemente debe definirse de una manera amplia que de cabida confortable a todos los que constituimos la izquierda, pero sin tratar de cerrarlo y convertirlo en algo inamovible y rígido. La ideología debería estar viva y evolucionar en un proceso continuo de cuestionamiento y autocrìtica. Lo que hace falta es construir un entorno organizativo que permita que todos los que nos consideramos de izquierdas y críticos con el sistema podamos juntarnos, discutir y trabajar en objetivos comunes. Existe sin embargo una contradicción entre la afinidad entre grupos de gente con opiniones similares dentro de una organización (algo en mi opinión normal, inevitable e incluso deseable) con el riesgo de que la vida de esta se convierta en una mera pugna de grupos enfrentados en la que quien es minoritario se sienta apisonado y ninguneado. Es la hora de constituir una organización protagonizada por la democracia directa por encima de delegaciones que obligan a elegir entre "paquetes ideológicos" entre los cuales hay inevitablemente afinidades y desacuerdos. Si cada idea fundamental y cada propuesta clave se somete a la decisión de todos, quitaremos fuerza a las temidas oligarquías que copan los cargos organizativos, cuya función debería estar al servicio de las decisiones de todos. Pedir a esos miembros de las oligarquías que ahora ostentan el poder que renuncien a ejercerlo resulta un imposible para ellos y lo sería para cualquiera en su caso. Hay que devolver ese poder a cada uno de los miembros de la nueva organización si queremos que esta no sea una nueva repetición de fracasos anteriores.

3.- ¿Movimiento social o partido político clásico? 30 años de pseudo-democracia nos debería haber convencido ya de que estamos jugando en una partida amañada controlada por quienes tienen el necesario poder económico. El lazo de la soga se ha ido apretando con un control absoluto de los medios de comunicación. Es evidendte que todo estaba atado y bien atado, con un sistema enfocado hacia un falso bipartidismo que ate a una población bombardeada ideológicamente, confundida y desesperada en la resignación y el conformismo. Debería ser evidente que para poder cambiar algo debemos de salirnos de estas reglas del juego y dar las batallas previas en los terrenos donde nuestra derrota actual es más evidente, fomentar el cambio de valores, la visión crítica ante las injusticias del sistema y la creencia en que las cosas se pueden cambiar. Deben crearse canales de información alternativos que cuestionen el monopolio de los grandes medios, trabajar en la calle, hablando con la gente, haciendo propuestas concretas, haciendonos visibles. Es un trabajo de preparacion de la tierra sobre la que queremos plantar nuestras ideas. Nuestra medida de éxito no puede ser el resultado de la siguiente campaña electoral, sino el conseguir resquebrajar el modelo ideológico dominante, atraer a gente activa y aumentar nuestra capacidad de influir en la sociedad. Pasar de un 3,5% a un 10% en unas elecciones resulta un expectacular avance sin consecuencia alguna, dado que solo un inimaginable a estas alturas 51% nos permitiría de verdad la capacidad de ostentar el poder y cambiar la sociedad desde este. En este camino no se puede contar con alianzas con los partidos al servicio del mantenimiento del sistema como es el propio PSOE.

Yo soy un optimista impenitente y creo que este proceso de refundación es una buena oportunidad. Si fracasamos, malo será que no aprendamos nada en el camino que nos permita empezar mejor un futuro intento. Juega en nuestro favor que las contradicciones del sistema son ya tan evidentes que ni las habituales manos de pintura para tapar las grietas creo que vayan a ser suficientes en los tiempos que vienen.

viernes, noviembre 27, 2009

La editorial-encíclica de los periódicos catalanes

Hacía tiempo que no me molestaba en hablar del nacionalismo y los nacionalistas, sin duda una cura de desintoxicación despues de los años vividos en Ciudadanos. Ha llegado quizás el momento de demostrarme a mi mismo que estoy listo para reintegrame al mundo normal y volver a afrontar mis fobias. Como además la ocasión la pintan calva, el editorial conjunto de ayer de toda la prensa catalana al respecto de la esperada sentencia del constitucional sobre el estatuto se me antoja como una excusa ideal para mi reinserción.

Mi primera reacción ante tan anormal unánime actuación de periódicos aparentemente plurales ha sido, como entiendo debería ser la del resto de personas ecuánimes y con algún principio democrático, una cierta aunque tranquila indignación. Tratar de presionar al Tribunal Constitucional con nada veladas amenazas de insubordinación y desintegración nacional si no se pasa por el aro resulta muy propio de los amantes de la patria. Es lo de siempre, se convierten en portavoces de ese ente superior y de todos los que en él habitan y se pasan por el forro formalismos como la separación de poderes y la necesaria sujección de todos a la ley. Tenía ya absolutamente claro que puestos a elegir un nacionalista lo es antes que izquierdista, ahora también confirmo que un nacionalista lo es antes que demócrata. Cuando uno defiende verdades absolutas inmutables como los preceptos religiosos o la santa nación todo lo demás se queda por debajo. De ahí quizás el paralelismo entre el editorial conjunto aparecido en toda la prensa con las pastorales y encíclicas que de vez en cuando la jerarquía católica nos presenta de forma coordinada en todas las parroquias.

Escucho por la noche en formato editorial en Cuatro a Iñaki Gabilondo hacer, como era de esperar, una interpretación diferente de las claras amenazas del editorial. Argumenta el señor Gabilondo que se trata en realidad de advertencias de buena fé de quien quiere evitar males mayores. Es sin duda una simpática interpretación que aplicado por ejemplo a la violencia doméstica convertiría la amenaza de un marido abusador de dar cuatro hostias a su mujer en una expresión de cariño por querer evitarle la paliza a su mujer. Señor Gabilondo, uno de los dos estamos jilipollas, o quizás simplemente lo simulamos. Cada cual que lea esto es libre de opinar al respecto.

Pretenden los nacionalistas como siempre saltarse las reglas del juego y tergiversan preventivamente la lógica interpretación que dará el Tribunal Constitucional a alguna de las normas aprobadas en el Estatut. Cuando este tribunal sentencie que algunos artículos de la nueva norma no son acordes a la Constitución no estarán cortando las alas a la voluntad de los catalanes expresada en referendum, estarán indicando que el procedimiento para cambiar algunas normas consiste en realizar una reforma de la llamada Carta Magna, y que para realizar dicho cambio se necesita la aprobación de todo el pueblo español que es soberano en esta materia. No hace falta recordar que son los catalanes parte integrante de dicho pueblo y como tal tendrán capacidad de expresarse si tal cosa ocurre. No gusta obviamente este punto de vista a los nacionalistas que han decidido que Cataluña es su finca particular y que quieren negarnos a los demás la capacidad de opinar en temas que obviamente nos competen.

Decía pues que mi primera reacción ante todo este tema ha sido de una tranquila indignación. Tranquila porque a estas alturas ya nos conocemos todos y sabemos de que pié cojea cada quién y que podemos esperar de cada uno. Una segunda reflexión me reconforta en parte ante la constatación de que la situación política en Cataluña es suficientemente grave como para justificar que gente relativamente heterogenea políticamente se una en un frente común contra el omnipresente nacionalismo. Eso pretendía ser Ciudadanos, un punto común de la izquierda no nacionalista, antes de que elementos mucho más heterogeneos y cuya compañía me resultó finalmente insoportable se integraran en el joven partido. Me recomforta repito confirmar que la necesidad de solución al problema existía, aunque la solución no fuera afortunada.

sábado, noviembre 21, 2009

Un gobierno autoritario

De entre las grandes ilusiones que el prestigitador Zapatero consigue mantener en pie con la complicidad de los medios de comunicación afines y de su partido gemelo (y solo aparéntemente opuesto) no es menor el aire de gobierno moderno y libertario del que parecen presumir. Lo digo porque los hechos se me antojan sumamente desalineados con la exitosamente extendida impresión.

Es el gobierno Zapatero el primero equilibrado e materia de sexo de nuestra historia. En el punto de la igualdad de género hemos tenido sin duda un ejecutivo de lo más activo. El problema no es menor, y frente a él, el gobierno se ha liado a poner en marcha iniciativas de todo tipo, desde el endurecimiento de penas a la violencia ejercida por los hombres, hasta la obligación por ley de presentar listas electorales o consejos de las empresas equilibradas entre hombres y mujeres.

Se me antoja este impulso penalizador y legislador como muy propio del aire feminista que impregna al gobierno, y su aroma se extiendo en asuntos como el intento de censurar en todo lo relativo al sexo, desde la imposición de multas en lo relativo a la prostitución (incluso enfrentándose a las propias asociaciones del ramo), hasta la reciente erradicación del sexo en abierto en televisión. Lo de las feministas con el sexo es algo que resulta casi enfermizo. Es su mojigatería e intolerancia reflejada en sus airadas campañas contra la utilización de la mujer en publicidad (como si no fueran los dos géneros utilizados como reclamo sexual en todo momento) un reflejo de una aversión a todo lo sexual que debería ser analizado por los psicologos. Con las feministas me pasa un poco como con los sionistas, un pasado de víctimas no puede justificar injusticias presentes, mucho menos cuando los presentes defensores de sus causas no han sido en su mayoría nunca victimas de nada.

No me parece el tema del género un aspecto aislado, y aunque en lo que a mí respecta entre estas medidas se mezcla lo bueno con lo malo, es este gobierno también el de las restricciones en el tema del tabaquismo, el del aumento de multas y de penas en tema de circulación vial, el de las leyes anti-piratería, etc.

Tampoco voy ahora a defender la desregulación generalizada en todo, soy un firme defensor de la actuación de los gobiernos como garante de una sociedad más justa e igualitaria. Confieso sin embargo que me molesta bastante que sea la imposición de sanciones y restricciones la primera y muchas veces única salida que tiene nuestro gobierno ante los problemas que nos rodean.

domingo, noviembre 15, 2009

Las falsas soluciones

Es un esquema que se repite, sin duda por ser una fórmula perfectamente exitosa. Consiste en desactivar el conflicto ante un problema mediante el planteamiento de una solución aparentemente valida. Enfrascados en el intento de puesta en marcha de dicha propuesta desactivamos la crítica previsible ante el problema inicial y lo desviamos hacia las complejidades de la puesta en marcha de la falsa solución. Dado que la solución no lo es en sí, no resolverá el problema, pero en la ceremonia de la confusión se consigue evitar la puesta en marcha de soluciones alternativas.

Ejemplos hay numerosos, yo diria que tantos como problemas enfrentamos en la sociedad. Ante el tema de la pobreza con organizaciones de ayuda al desarrollo y las ONG, ante el tema medioambiental con propuestas de reciclaje y de ahorro de energía, ante el tema de la crisis económica con planteamientos de control del beneficio de los inversores, ante la evasión fiscal reducción de impuestos, ante los altos precios de la vivienda la construcción de algo de vivienda protegida, ante la inoperancia de los gobiernos, un supuesto partido alternativo planteado como mal menor que aplicará las mismas políticas.

En una sociedad intencionadamente adoctrinada e incapaz de plantear pensamientos críticos, las falsas soluciones son una primera linea de resistencia sumamente efectiva para quienes ostentan el poder. Aireadas por unos medios de comunicación que son simplemente medios de propanganda, canalizan el descontento de la gente de la indignación hacia el problema hacia la frustración ante la incapacidad de resolverlo. Lo que es peor, desactivan a la gente más concienciada y que por tanto debería constituir el germen de la protesta hacia actividades no dañinas para el poder. Así ocurre con buena parte de la izquierda periférica en España buscando su Nirvama en la utopía de la nación libre, con los miembros de las ONG que representan la versión moderna de los sistemas de caridad cristianos de hace 100 años, con los defensores del medio ambiente que intentan soluciones parciales a problemas concretos sin elevar un poco la vista para darse cuenta que es el sistema en sí el que es insostenible.

En su funcionamiento como pieza clave para evitar el cambio en el sistema resulta fundamental intentar luchar contra las falsas soluciones, sin duda una tarea ingente dados los inmensos medios de propaganda que este posee y la falta de gente con capacidad de ir más alla en su análisis.

sábado, octubre 17, 2009

Un breve sobre "Àgora"

Ayer fuí por la noche a ver Ágora, de Amenabar. Había leido algunas críticas de la película y me llamaba la atención la polarización entre gente a la que le encanta y gente que parece odiarla. Mi conclusión despues de ver la película es que en todo esto miente hasta el apuntador.

Me explico. Alejandro Amenabar y alguno de sus defensores argumentan que la película no critica al cristianismo, sino al fundamentalismo religioso, de forma que tan malos serían en esta los cristianos como sus enemigos paganos. En realidad eso es falso, la película toma partido, si bien no de forma tan obviamente maniquea como se acostumbra. Los cristianos aparecen como los malos, algo que parece lógico cuando el trasfondo es la brutal muerte por estos de la filósofa Hypatia y su sangrienta toma del poder. En el film los cristianos siempre provocaran primero, y cuando sus enemigos reaccionan no dudan a pasarlos a cuchillo. Tampoco queda un resquicio en la película para separar a los cristianos buenos de los malos. El mismo monje que reparte pan a los pobres encabeza las matanzas, mientras que el taimado obispo utiliza el fanatismo de sus seguidores para imponerse en la toma del poder.

Así pues lo sorprendente es que aunque nadie lo dice, sospecho que buena parte de las reacciones adversas tienen que tener que ver con el duro ataque a la religión cristiana. Es lógico que las reacciones positivas también se encuentren mediatizadas. Yo si fuera cristiano seguramente me hubiera levantado indignado, pero como odio profundamente el cristianismo como cualquier otra idea religiosa, disfruté como un enano.

Dejemos pues los puntos sobre las ies. La película de más de dos horas no se hace larga como algunos dicen, ni baja de ritmo en exceso en ningún momento. Los personajes se construyen con suficiente credibilidad, la trama es interesante e incluso las gotas de información sobre el pensamiento astronómico son simplemente gotas que no pueden abrumar ni a un niño de 5 años. La reconstrucción histórica es creible en cuanto a vestuario y escenarios.

Que a mi me gustara la película era facil. Soy un entusiasta de la historia y de la divulgación científica y un anticlerical militante. A mi mujer sin embargo que no comparte mi forma de ser le gustó la película tanto como a mi. De cual fué su acogida por el resto de la bastante llena sala es buen ejemplo el atronador silencio en que todo el mundo queda cuando la película acaba, y es que sin duda la película no deja a la gente indiferente.

En resumen, una película que en mi opinión es claramente miltante y que los que alberguen fuertes sentimientos religiosos no deberían ver si no quieren correr el riesgo de salir indignados. Para los que somos ateos militantes o simplemente la mayoría excéptica la película es entretenida y es de las que hace reflexionar. Esto último se resume en una frase que extraí de un blog americano donde se hablaba de la película. Cuando Àgora acabó, contaba, la persona que estaba sentada a mi lado salió diciendo: "los cristianos son uns cabrones."

En tiempos como estos un poco de ideología es refrescante. Gracias Alejandro Amenabar


viernes, octubre 02, 2009

El PIB y el bienestar

Dentro de la tormenta de ideas en la que se mueve los sectores más críticos de la izquierda, quisiera destacar el cuestionamiento que se está haciendo de los criterios para medir la prosperidad de los países.

Si preguntamos a nuestro alrededor por una medida de la salud de nuestra economía, casi todo el mundo mencionaría el crecimiento del PIB. Siendo un indicador macroeconómico cuya composición poca gente conoce, es aceptado por parte del gran público como indicador del éxito de las medidas económicas; sin embargo existe poca lógica que justifique esa asumpción generalizada como medidor del bienestar.

El PIB que se define en Wikipedia como el valor monetario total de la producción corriente de bienes y servicios de un país durante un período, presenta carencias muy evidentes como indicador tanto de prosperidad económica como sobre todo de bienestar:

  • No es una medida per-capita. El crecimiento del PIB puede suceder ligado a un incremento similar de población (como ha ocurrido recientemente en España), de forma que la Renta per Cápita sería un indicador mucho más adecuado de si mejoramos nuestra situación individual.
  • El PIB no tiene en cuenta bienes y servicios no comercializados como el trabajo doméstico o la autoproducción. Si la persona que cuida de un anciano en el seno familiar es sustituida por una institución pagada, dicha trabajo aparecería ahora como un aumento del PIB sin que en realidad se produzca ningún servicio nuevo.
  • El PIB no computa lo que no se mide en términos económicos. Si en un paraje natural pones una fábrica imposibilitando su disfrute como lugar de ocio, esa pérdida de bienestar no computará a la baja frente al aumento de producción de la fábrica.
  • El PIB tampoco computa la pérdida de recursos naturales limitados, su crecimiento se realiza en buena medida a costa de hipotecar la actividad futura.
  • Muchas de las actividades medidas resultan de hecho negativas para el bienestar. En el caso anterior del anciano y su cuidador, la sustitución se produciría a costa de un menor bienestar del anciano. La pérdida de afecto no se computa.
  • La medición se hace según el valor monetario de los servicios producidos, y no en función de la satisfacción que produce su uso. Si como resultado de movimientos especulativos el precio de los alimentos se multiplica por dos es muy probable que el consumo se reduzca aunque aumente el valor monetario de los alimentos consumidos. Un descenso en la satisfacción de una necesidad se reflejaría como un aumento del PIB.

Este último punto es extremadamente interesante porque nos acerca al PIB como un medidor del consumismo más vacío. La fabricación de productos de calidad que permitan su uso duradero resulta en realidad contraproducente para el PIB. No se mide el confort que da un abrigo para mantenerse caliente, sino el número de abrigos que compras y tiras. Cuanto peor sea el abrigo mejor para el PIB y peor para mi bienestar.

Siendo por tanto el crecimiento del PIB un medidor tan incorrecto de la evolución del bienestar de la sociedad, y siendo estas limitaciones perfectamente conocidas, resulta absurdo se insista en su consideración como tal por parte de la propaganda oficial. Una vez más estamos ante un gran engaño sobre el que se construye la asumpción de políticas económicas que benefician a quienes controlan los resortes del poder.

Leía estos días un artículo en que se hacía referencia a este tema en Rebelíon, bajo el título de Porqué la patronal está equivocada. Lo destaco porque da un dato que yo no conocía y que es bastante revelador:
En realidad, si la población activa en la mayoría de países de la UE fuera tan elevada como en EEUU y el número de horas trabajadas por año en la UE fuera semejante al de EEUU, el PIB por habitante en la UE sería muy superior al de EEUU. El problema, pues, no es tanto la productividad, sino la participación de la fuerza laboral.
Así pues nuestra renta por hora trabajada en Europa en un entorno algo menos liberal que el de EEUU resulta superior, lo que contradice los dogmas de los beneficios de la no intervención pública en la economía. Que este dato se omita no puede ser, como casi nada, casual.

Dado que los defectos del crecimiento del PIB como medida del bienestar resultan tan obvios, existen indicadores alternativos que corrigen alguno de sus defectos: el Índice de bienestar económico sostenible que incluye elementos no cuantificados en el PIB como el trabajo no remunerado, el PIB verde que contempla el uso de recursos no renovables, y el Índice de desarrollo humano que introduce elementos como el nivel educativo y la esperanza de vida en su cálculo. No son nuevos, por poner un ejemplo el IDH que prepara la ONU data de 1990, pero sus datos no son tan publicitados, seguramente porque su análisis resulta contradictorio con la propaganda oficial. A algunos les puede resultar sorprendente que:
  • Cuba entre los países altos, en el séptimo lugar en el continente americano, y el segundo por detrás de Barbados en el area de Centroamérica y Caribe (incluido México)
  • Estados Unidos queda por debajo de casi toda Europa y justo por delante de España en el ranking.
  • Que el próspero y modélico Reino Unido está a la cola de Europa, por detrás de tres de los despectivamente denominados "PIGS" (Portugal, Italia, Grecia y España).
  • Que Libia es el único país de áfrica con un índice superior al 0,80.
  • Que entre 2005 y 2006 (últimos datos disponibles) y en plena fase de crecimiento, entre los 30 primeros solo reducen su índice 4 paises, entre ellos EEUU y Reino Unido.
Si bien ninguno de estos indicadores nos acerca del todo a medir el bienestar, es indudable que pueden resultar mucho más útiles que lo que actualmente tomamos como vara de medir. El asunto no es menor, y debemos dar la batalla en este ámbito como elemento fundamental para ayudar al necesario cambio de sisteam.

lunes, septiembre 21, 2009

Yo no reciclo (con perdón)

Y lo que es aún más grave, tampoco ahorro agua (me baño a menudo en una gran bañera y tengo un césped que consume cantidades considerables en verano), y recientemente he cambiado mi coche a un SUV (que por más que diga la publicidad consume como lo que es, un coche de casi 2 toneladas). A estas alturas del partido esto solo lo digo en voz alta en este blog que casi nadie lee. Seguramente sea una liberación poder expresar lo que casi da miedo reconocer en público, y quien sabe si tan provocadora entrada no acaba costándome un duro castigo en mi vida profesional o política (a cual menos jugosa) cual felación de becaria con presidente americano.

¿Soy insensible pues a los problemas ecológicos? ¿No creo en cambios climáticos, en agotamiento de recursos, en crisis del petroleo? Al contrario, estoy convencido del impacto venenoso de la actividad humana en la viabilidad del planeta que estamos dejando a nuestros descendientes. Considero este como uno de los mayores problemas con el que nos enfrentamos, un problema para el que las soluciones pueden ya estar llegando demasiado tarde. ¿Entonces?

Entonces ocurre que estoy harto de que me tomen por idiota. En un sistema suicida de crecimiento continuo tanto en población como en consumo de recursos limitados, no estoy dispuesto a aceptar que le den la vuelta a la tortilla y quieran convencerme de que la solución pasa por el cambio de mis pautas de comportamiento, aprovechando incluso para hacer negocio con mi esfuerzo. Es como si ante un incendio forestal los mismos pirómanos que lo provocan y alimentan con gasolina me exigieran que lo apagara a escupitajos. No sólo es absurdo e inútil, es además una tomadura de pelo en la que no estoy dispuesto a colaborar.

Mención aparte tiene el tema del agua. Al contrario de lo que se nos quiere vender, el agua es un recurso que aunque limitado, es totalmente renovable. El mayor consumo de agua no agrava un año de sequía, simplemente causa restricciones al resto de usuarios del agua canalizada que compiten por ese recurso limitado. Considerando que los grandes consumidores de agua son la agricultura y la industria, me están intentando convencer de que sacrifique el jardín en el que juegan mis hijos para que algún agricultor murciano siga sacando beneficio a costa de emigrantes explotados, o para que alguna industria contaminante aguas abajo pueda seguir utilizando el agua que yo ahorro devolviéndola emponzoñada a su cauce.

Evidentemente que creo que hay que hacer algo a favor del medio ambiente. Hay que intentar cambiar este sistema que nos conduce a la catástrofe, hay que denunciar sus absurdos y trabajar para ayudar a definir y poner en marcha un mundo diferente, hay que hablar con la gente y denunciar el engaño en que vivimos, hay que hacer proselitismo. Hay que escribirlo en un blog aunque solo lo lea uno mismo.

domingo, septiembre 20, 2009

PIB y crédito

Casi como postdata de mi entrada sobre nuestra economía piramidal. He dedicado la mañana a preparar un análisis comparativo entre la evolución del PIB y del crédito en EEUU desde el año 1945. Los datos me resultan tan reveladores que no puedo menos que reflejarlos aquí.



¿Porqué digo que son esclarecedores? Para empezar, mientras el PIB deflactado se ha multiplicdo por algo menos de 6 veces, el crédito se ha multiplicado por 13, de forma que si el volumen de crédito equivalía a 1,6 veces la producción anual del país, en la actualidad representa 3,7 veces la misma.

Esto no es ninguna sorpresa, sin embargo resulta más llamativo descubrir que el proceso no ha sido homogeneo durante estos casi 65 años. En los 10 primeros de hecho el volumen de crédito se redujo, representando 1,4 veces el PIB en 1955, y no se recupera el nivel de 1945 hasta 30 años después.

¿Qhe ha cambiado en los últimos años? La imposición de políticas económicas liberales a partir de los años 80 ha supuesto una disminución de los salarios en el reparto de la renta con el declarado objeto de recuperar el nivel de beneficios y así aumentar la actividad económica. Su efecto en realidad ha sido que ante la crisis de beneficios en la industria, las plusvalías se han invertido en la financiación del consumo de los depauperados trabajadores y el propio estado al que se ha privado de recursos fiscales.

Si en los primeros 30 años de la serie se duplicó la producción a costa de duplicar el crédito, en los últimos 30 años se vuelve a duplicar el PIB, si bien esta vez lo hace a costa de multiplicar por 4,5 el volumen total de crédito. En los últimos 10 años el crecimiento del crédito ha triplicado al del PIB. Para mantener el crecimiento lineal en el aumento del PIB ha sido necesario aumentar exponencialmente el volumen de crédito, haciendo inevitable el estallido una vez que se hace obvia la incapacidad de los prestados de devolver lo recibido.

lunes, septiembre 14, 2009

La economía Ponzi

Supongo que a estas alturas todos sabemos lo que es un esquema de Ponzi, tambien conocido como fraude piramidal. El invento es de un americano-italiano que con la excusa de ganancias en sellos montó un fraude a principios de siglo pagando los supuestos beneficios de los inversores antiguos con el dinero que aportaban los nuevos. Es un “timo” que se repite insistentemente y que tiene exponentes recientes como los de Forum Filatélico y el famoso caso Madoff.

Hace unos meses, cuando salió el caso Madoff llegué a la conclusión que nuestra economía se había sustentado en un enorme fraude piramidal, pues las burbujas financieras e inmobiliarias no dejan de ser más que gigantes esquemas de Ponzi en los que todos ganan mientras se sigue inyectando dinero, pero en los que cuando el crecimiento se para y los inversores buscan recuperar su dinero se dan cuenta que sus beneficios no eran más que humo.

Esta crisis financiera que nos acongoja tiene dos posibles salidas. La primera es sanear el sistema reconociendo las pérdidas de los participantes que no se han ido a tiempo. Así en EEUU la vivienda se ha devaluado un 30 o 40%, y se piensa que aún tiene recorrido a la baja. Los estafados son principalmente los propietarios de vivienda que compraron tarde e indirectamente las entidades financieras que prestaron dinero a estos y se encuentran con que no tienen activos que respalden su crédito. A fin de paliar sus pérdidas, el poder financiero se ha encargado de que el estado compre tan dudosos activos, de forma que los pobres trabajadores contribuyentes acaban pagando el total de la cuenta. Para que la gente trague, ha sido necesario que durante el final del 2008 se pintara un panorama económico apocalíptico que forzaba a salvar a la banca, esta vez bajo la promesa de mayor regulación que evite los excesos actuales. Como dice el popular dicho “prometer, hasta meter” y una vez puesta la pasta la regulación prometida va quedando en el olvido.

En España optamos por una salida mejor. Negamos la mayor y tratamos de convencer a la gente que la pirámide no ha existido, que la vivienda no baja o bajará poco. Los bancos se niegan a reconocer las pérdidas a la espera de que la burbuja reaparezca, pero lamentablemente eso no va a ocurrir. Para los que entienden el Inglés recomiendo leer el escalofriante pero en mi opinión atinado análisis que hace Investors Insight sobre el sector bancario español con el clarificador nombre de España: El agujero negro en el balance europeo.

Hasta aquí el problema ya era grave. Pero el tema ha afectado a la llamada economía real. De repente buena parte de la riqueza se ha desvanecido lo que como es natural afecta al consumo. Además, ante la magnitud del golpe la confianza se ha desvanecido. Como consecuencia, la gente no compra por miedo a perder el empleo, las empresas no invierten por miedo a no vender lo que producen, y los bancos no prestan por miedo a que no les devuelvan lo prestado, lo que a su vez contrae más el consumo. Es lo que se entiende como una crisis de confianza

Ante esta medida los estados se han olvidado de aquello del límite de endeudamiento y han decidido tomar el papel de los consumidores con incentivos a la compra de coches, obra pública, subsidios, etc. De momento se endeudan hasta las cejas con el fin de que las expectativas negativas se transformen en positivas, y la economía vuelva a crecer. Cuando esto ocurra ya se verá como recuperar lo ahora gastado (¿adiós a lo que queda del estado social?). Como el tema va de expectativas, se sazona todo con dosis masivas de propagandisticos “brotes verdes”. Es la salida keynesiana de la crisis que tan buen resultado parece haber dado para salir de la gran depresión de los años 20. Colorín colorado, esta crisis se ha acabado….

Sin embargo algo parece no funcionar. La medicina keynesiana, ingerida en dosis tan masivas que sus efectos secundarios serán de por si complejos, de momento apenas parece reanimar al enfermo y lo mantiene en estado crítico. Algo se queda fuera en toda esta explicación, y este algo no es otra cosa que el papel del crédito en el sistema.

Nuestro consumo se ha estado basando en un crédito que los bancos han dejado de dar (por más que el estado les haya inyectado cantidades ilimitadas de fondos para prestar y haya bajado su coste a cero). En lugar de prestar el dinero recibido a gente y empresas cuyo nivel de endeudamiento ya parece por encima de lo aceptable, se utilizan los fondos generosamente obtenidos en inversiones especulativas. Así en los últimos meses, tras una inicial recuperación de los valores bursátiles bancarios merced a las ayudas estatales recibidas, la bolsa se ha lanzado a una subida imparable devolviéndola casi a niveles anteriores a la crisis. En paralelo sube el coste de las materias primas, el del oro, el del petróleo… Nada se ha aprendido, pero es que en el juego de la especulación tan tonto es el que entra cuando la nueva burbuja va a estallar, como el que no entra y deja de aprovechar los estupendos dividendos que durante la fase de expansión se están dando.

Los gobiernos se hacen los locos con la esperanza de que tanta efervescencia financiera convenza a los consumidores de que los buenos tiempos han vuelto y nos encaminamos a un nuevo crack en un ejemplo de hasta que punto de estupidez pueden llegar los políticos que nos gobiernan y de avaricia los que realmente nos mandan

La pregunta es ahora: ¿tendrá éxito esta estrategia? Para responderla hay que volver a mirar el papel del crédito en nuestro sistema.. En las últimas décadas, el nivel de crecimiento se ha mantenido a costa de aumentar exponencialmente el nivel de endeudamiento de los consumidores. El sistema capitalista-consumista en que vivimos se enfrenta a la contradicción entre la necesidad de mantener los salarios bajos para que se generen beneficios, y la necesidad de fomentar el consumo de estos mismos trabajadores mal pagados. La solución ha pasado porque los beneficios obtenidos se reinviertan en prestar dinero a los asalariados. Sin embargo estos se ven obligados a devolver los préstamos con intereses, lo que obliga a contraer deudas cada vez mayores. El tema obviamente no puede seguir indefinidamente, y cuando los prestamistas empiezan a desconfiar nos encontramos con que todo el sistema no dejaba de ser de nuevo un inmenso esquema de Ponzi global. Si esta explicación te parece atinada, felicidades, has descubierto tu lado marxista.

Tampoco había que ser una lumbrera, bastaba con darse cuenta de que un sistema basado en el crecimiento infinito es, por definición, imposible. Como hasta los economistas tenemos un límite en nuestra estupidez, lo que antes eran posturas defendidas por desacreditados economistas alternativos, se ha convertido en opinión bastante generalizada por parte de todo economista serio (no incluyo obviamente a los propagandistas a sueldo del neoliberalismo). Para muestra un ejemplo en este interesante artículo de The Pragmatic Capitalist titulado Después del boom llegará la quiebra (de nuevo en Inglés).

Así pues volviendo a la pregunta de si por este camino vamos a salir de la crisis, la respuesta es… depende (para algo soy economista yo también). Es posible que con suficiente esfuerzo se consiga recuperar una burbuja crediticia que saque temporalmente a flote a un sistema condenado. Lo que es seguro es que si tal cosa sucede será simplemente para volver a provocar una crisis de aún mayores dimensiones en un plazo relativamente corto.

lunes, agosto 03, 2009

El latrocinio de los grandes inversores financieros.

Aunque soy un lego en la materia, me he convertido en un seguidor de Zero Hedge, una página especializada en comentar la situación de los mercados financieros. Entre la maraña de acrónimos indescifrables para los que no somos del mundillo, uno puede ir destilando interesantes fuentes de información.

Hoy la página de Zero Hedge incluye una recopilación de artículos al respecto de comportamientos cuestionables por parte de grandes firmas de inversión aprovechando las mismas debilidades de control que llevaron al desastre financiero de los CDC. Para quien lea en Inglés estos artículos son esclarecedores

Al respecto de las llamadas HFT (transacciones de alta frecuencia)

Paul Krugman - Rewarding bad actors
Rise of HTE machines
Countering High-Frequency Trading
Tradeanator 2: Settlement Day

Para quien no domine el Inglés, las HFT son transacciones emitidas a velocidad de miles por segundo en paquetes pequeños que se cancelan inmediatamente. Se busca determinar el precio mínimo de venta y máximo de compra de inversores normales, de forma que una vez averiguado se intermedia entre compra y venta ganando una cantidad muy pequeña por transacción en periodos muy cortos y sin correr riesgo. La proximidad física de sus ordenadores con los de la bolsa americana permite mayor rapidez lo que da una ventaja clave en cuanto al tiempo necesario para reaccionar. A efectos prácticos estos grandes inversores como Goldman Sachs aplican un impuesto al resto de inversores y obtienen enormes beneficios.

Esto es aún más sorprendente. Se trata de cómo las firmas de inversión ganan dinero a costa del soporte de la Reserva Federal

Wall Street profits from trades with the FED

Básicamente la Reserva Federal está interviniendo para evitar que la bolsa caiga, y de ello se aprovechan los grandes inversores para ganar dinero a su costa. Copiado literalmente del artículo en cuestión en palabras de un miembro del congreso:
“No puedes rescatar al sistema crediticio sin que alguna gente se beneficie de ello”

En resumidas cuentas, tal como indica Paul Krugman en su artículo, las mismas compañías que llevaron al sistema financiero al desastre y que han sobrevivido tan solo gracias al soporte directo o indirecto de los fondos públicos, se aprestan a volver por sus fueros expoliando al contribuyente y a los pequeños inversores para obtener beneficios inmensos en un momento de colapso económico.

Todo esto me recuerda a la fábula del escorpión que le pide a la rana que le salve de una crecida de agua bajo el argumento de que sería estúpido por su parte picarle pues se ahogarían los dos. La rana queda convencida, pero en mitad del agua el escorpión le pica. Antes de ahogarse ambos, el escorpión le argumenta a la rana que el auténtico culpable es ella, puesto que por su parte él no ha podido evitar seguir su instinto, mientras que la rana tenía la opción de ayudarle o no.

Está en el instinto de los grandes inversores expoliar a todos en busca de su beneficio. Si hay un culpable de sus reiteradas malas prácticas no es otro que quien les evitó ahogarse cuando deberían.

miércoles, julio 15, 2009

El absurdo nuclear

Nuestros amigos del lobby nuclear vuelven a la carga, y es que donde hay dinero todo lo demás carece de importancia. Ahora se trata de renovar la licencia de Garoña por otros diez años, renovación que generaría unos beneficios que algunos estíman en 2500 millones de Euros. Entiendo que para ganar ese dinero es lógico orquestar una campaña de desinformación pública a gran escala como andan haciendo.

Los argumentos en el debate los conocemos todos, pero a mi me gustaría volver a incidir en el asunto de la seguridad, algo tan obvio que solo la avaricia de los que piensan lucrarse con el negocio pueden pasar por alto.

Todo sistema es susceptible de accidente o avería. Es por ello que las empresas disponen de los llamados planes de contingencia con el objetivo de disminuir el riesgo o paliar sus consecuencias, eliminar el riesgo es por definición imposible. Un reactor nuclear, por bien diseñado que esté, no deja de ser una compleja máquina que puede sufrir accidentes derivados de un mal diseño, una operación incorrecta o incluso el sabotaje. Dándole el beneficio de la duda, estoy dispuesto a admitir que la tecnología nuclear es la obra cumbre de la humanidad, pero aún así resulta más que inquietante revisar la lista de accidentes nucleares graves que uno puede encontrar en Wikipedia (Accidentes Nucleares)

Con tan solo unas 500 centrales nucleares en el mundo me parece un record bastante preocupante, más cercano al juego de la ruleta rusa que a una operación tan segura como se nos quiere dar a entender. Por supuesto se nos dirá que ahora las medidas de seguridad son mejores de lo que fueron, lo que resulta contradictorio con afirmaciones de absoluta fiabilidad que siendo niño hace casi 30 años se nos hicieron por parte de los guías que nos enseñaron la central de Almaraz en una visita escolar.

El problema que parece no entenderse, es que si tenemos en cuenta la magnitud del daño que un accidente grave puede llegar a ocasionar, no existe ningún riesgo aceptable. De hecho, la cuantificación económica del daño potencial es tan elevada, que los contratos de seguro excluyen desde los años 50 la cobertura de las indemnizaciones por contaminación nuclear. Los seguros que cubren las centrales nucleares tampoco son capaces de cubrir los posibles daños, de forma que los convenios internacionales han fijado un límite de 1200 millones de euros como responsabilidad mínima a cubrir. Por comparación los daños económicos del accidente de Chernobil se cuantifican por cientos de miles de millones. Incluso en términos económicos, resultaría imposible considerar la energía nuclear como rentable si incluyéramos la cuantificación de los posibles daños dentro de sus costes. Es de una obvia inmoralidad que algunos se lucren a base de arriesgar nuestras vidas, pero por otra parte no es sorprendente en un mundo como en el que vivimos.

Si bajo este prisma la apertura de una central nuclear resulta un despropósito, lo de justificar la ampliación de la vida util de Garoña sería para reir si no fuera para llorar. El propio Consejo de Seguridad Nuclear recomienda como requisito la realización de un conjunto de modificaciones de diseño por parte del titular para reforzar la seguridad de la central. ¿Pero no hablábamos de una seguridad absoluta en la actualidad? No hablamos de reponer, sino de modificar un diseño que el propio CSN considera no suficientemente seguro hoy en día. ¿En manos de que caterva de sinvergüenzas e inconscientes estamos?

Garoña probablemente no se cerrará, ni ahora ni en el 2012 (no hay que dejar que un pequeño riesgo estropee un negocio tan estupendo). Seguramente que en el plazo de extensión de la licencia no pase ningún accidente grave. Seguramente.

martes, julio 14, 2009

La sostenibilidad del sistema

El otro día aproveché una comida con mi hermano para discutir un poco de política con él. Sus posturas suelen ser escépticas ante casi todo, y aunque cabe calificarlas como de izquierdas, ponen al ecosistema como a un valor en si, mientras que mis posturas también calificables como ecologistas, ponen a este al servicio del individuo.. En cualquier caso su escepticismo es un buen contrapunto a mi habitual entusiasmo, y las conversaciones con él siempre me resultan agradables y me dan que pensar.

Con el afán proselitista propio de los convencidos, le comenté que estaba buscando un texto convincente al respecto del eco-socialismo que pensaba que podía ajustarse a su forma de pensar. La idea es que la explotación de recursos sin límite no es más que una cara más de un sistema explotador e insostenible como es el capitalista-consumista en que vivimos. Desde mi punto de vista más que arrimarse a los movimientos ecologistas, los partidos socialistas deben de sacar a la luz y poner en primera linea de su argumentario los aspectos ecologistas que se encuentran inherentes a su ideología, algo que aún no se ha hecho, o no suficientemente. No se trata de volverse verde o roji-verde, sino de hacer ver que el componente verde es absolutamente inherente al rojo.

Andaba yo por esos derroteros cuando mi hermano me salió con una respuesta que yo no esperaba. Según su propio análisis, el planeta no tiene solución y ya no existe marcha atrás, las inercias de nuestro mastodóntico sistema ya no nos permitirá frenar a tiempo antes de estamparnos contra la pared del desastre ecológico. En realidad comparto en buena medida dicho análisis dado que la inercia demográfica es imposible de parar a corto plazo, y está claro que las medidas radicales de control del crecimiento tanto de población como de consumo son tan difíciles de tomar que, incluso si aún estuvieramos aún a tiempo, no se aplicarían hasta que fuera demasiado tarde. No puedo negar la evidencia, pero lo que nos diferencia es que yo siempre me apunto a las causas perdidas, aunque sea por un puro posicionamiento ético.

Aceptando esta interpretación de la situación, le planteaba que eventualmente tras una crisis que será sin duda terriblemente dolorosa, debe llegar algún tipo de equilibrio basado en una utilización sostenible de los recursos y una estabilidad demográfica. En mi opinión recursos considerados limitados como la energía o incluso el agua (que en realidad se reducen a la energia puesto que con suficiente de esta se puede desalar del mar y mover a donde haga falta) son potencialmente ilimitados con suficientes avances tecnológicos, y yo no dejo de ser un optimista irredento. Para mi sorpresa mi hermano no se molesto en refutar esta parte, sin embargo me planteó que no son ilimitados otros recursos más abundantes ahora como pueden ser los metales. Teniendo en cuenta que el reciclaje no permite la recuperación del 100% del recurso, debemos asumir que un mundo sostenible debería basarse exclusivamente en recursos orgánicos y energía renovable, lo que nos aleja aún más de este en el que ahora vivimos.

La conclusión de mi hermano es que la civilización en la que vivimos dejó de ser sostenible a largo plazo no desde la revolución industrial, sino desde mucho antes. Con matices, pero no puedo estar en desacuerdo.