miércoles, junio 25, 2008

Victimas y verdugos.

Hace unos días bajaba por la Castellana aprovechando el buen tiempo y me di de bruces con una algarada callejera. Se trataba sin duda de gente protestando por temas laborales, a juzgar por el uso del megáfono y la consigna. Al llegar junto a ellos pude comprobar como dirigían sus reivindicaciones hacia la entrada de una oficina que resultó ser la de la compañía Sacyr-Vallehermoso.

Mientras pasaba junto a el no tan nutrido grupo no pude menos que pensar como reflejaba el asunto el fin de la orgía inmobiliaria. Mientras algunos han hecho su agosto durante años ahora otros pagarán el pato en forma de despidos masivos por un lado y de hipotecas impagadas por otro. En el grupo de manifestantes seguramente muchos podrán incluirse en ambas categorías a la vez.

Lo bueno de pasear es que uno tiene tiempo de pensar, así que mientras seguía mi camino le vine dando vueltas a otro aspecto del asunto. ¿Quienes conformarían ese grupo de gente? Seguro que en el grupo estaban los de toda la vida, los comprometidos y disconformes, los que siempre dan un paso adelante, los sindicalistas e izquierdistas que están en todos los saraos. Junto a ellos es probable que se encontraran también aquella otra gente del monton, los mayoritarios, los pasotas, los que se creen por encima de todo que nunca mueven un dedo por los demás pero que enseguida se indignan cuando les toca a ellos.

En mi vida me los he encontrado ya, sobre todo en tiempos universitarios, cuando el trabajo y las responsabilidades familiares no marcaban mis ritmos y dedicaba más tiempo a las asociaciones de estudiantes que al estudio propiamente. Eran los que nunca se movilizaban por las mejoras de la universidad pero se unían entusiastas para proteger sus derechos corporativistas. Me los encontré despues en mi empresa, conformistas acomodados y conservadores que solo entendieron la importancia de eso tan moderno como es la flexibilidad laboral cuando una reestructuración les mandó a casi todos a su casa. Alguno estaría ahí, votantes satisfechos de los partidos que nos gobiernan que aún no se han enterado de quién ha sido su verdadero verdugo: ellos mismos.