sábado, diciembre 12, 2009

El dilema del prisionero, clave para la izquierda


Para quien no sepa nada de la Teoría de Juegos, y gentileza de Wikipedia

Dilema del Prisionero

El dilema del prisionero es un ejemplo claro, pero atípico, de un problema de suma no nula. En este problema de teoría de juegos, como en otros muchos, se supone que cada jugador, de modo independiente, trata de aumentar al máximo su propia ventaja sin importarle el resultado del otro jugador. Las técnicas de análisis de la teoría de juegos estándar, por ejemplo determinar el equilibrio de Nash, pueden llevar a cada jugador a escoger traicionar al otro, pero curiosamente ambos jugadores obtendrían un resultado mejor si colaborasen. Desgraciadamente (para los prisioneros), cada jugador está incentivado individualmente para defraudar al otro, incluso tras prometerle colaborar. Éste es el punto clave del dilema.

En el dilema del prisionero iterado, la cooperación puede obtenerse como un resultado de equilibrio. Aquí se juega repetidamente, por lo que, cuando se repite el juego, se ofrece a cada jugador la oportunidad de castigar al otro jugador por la no cooperación en juegos anteriores. Así, el incentivo para defraudar puede ser superado por la amenaza del castigo, lo que conduce a un resultado mejor, cooperativo

El dilema del prisionero nos explica extremadamente bien la deriva que ha tomado la economía en los últimos años. Cuando a principios de los 80 el Reino Unido y EEUU deciden apostar por una máxima desregularización de sus mercados, por la erosión de los sistemas de bienestar social y una evolución de sus sistemas impositivos hacia una menor progresividad, lo que hicieron fué romper con unas reglas del juego que maximizaban el beneficio común en busca de un beneficio particular. Su posición más competitiva se cimentaba tan solo en la resistencia de los demás a seguir su camino, puesto que si todos los paises hubieran reaccionado de forma inmediata en la misma dirección no hubiera habido beneficio alguno. Existe un simil que leí hace años en el que se equiparaba su comportamiento al de un expectador de un estadio de futbol que se pone de pie para ver mejor. Su comportamiento obliga a los demás a ponerse también de pie de forma que al final todo el mundo ve el partido igual que antes, solo que más incómodos.

Ante una situación en la que un competidor no respeta las reglas del juego solo existe una salida posible si no se quiere perder, y es expulsarle del mismo (el castigo al que se refiere el texto anterior). Esto es algo que se da habitualmente en las relaciones comerciales entre países, de forma que si uno sospecha que los productos que le llegan desde otro llegan a precios competitivos debido a la aplicación de subvenciones públicas (práctica conocida como "dumping") la reacción del país importador será la imposición de aranceles (impuestos a la importación) que devuelvan al producto al precio que debían tener. Es esta continua vigilancia y toma de represalias la base sobre la que se asienta el comercio mundial

La obtención de ventajas competitivas producto de la aplicación de condiciones sociales y laborales más beneficiosas para las empresas es denominada por quienes critican tales prácticas como "dumping social". Ante estas prácticas solo caben dos medidas: aplicar sanciones en forma de aranceles a los productos de los paises que lo practican, o establecer las mismas reglas del juego para no perder competitividad. Es por eso que una Unión Europea que permite el libre tránsito de mercancías sin que se obligue a una armonización de políticas fiscales, laborales y sociales nos condena a un dilema del prisionero en el que llevamos perdiendo la partida y retrocediendo las últimas décadas.

Cuando nuestros políticos y los avispados empresarios argumentan que hay que hacer una reforma laboral (otra más) para hacer la economía más competitiva, nos están diciendo una verdad, pero se están callando otra. Es verdad que en un entorno económico como el que tenemos es dificil adoptar medidas menos favorables a las empresas si no quieres ver a estas perder su cuota en el mercado internacional o deslocalizarse; pero es también verdad que existen medidas alternativas a nivel de la Unión Europea que se pueden tomar para evitar encontrarnos entre la espada y la pared. Si hay que buscar la raiz del problema llegaremos tirando del hilo a un tratado de Lisboa que voluntariamente ha eliminado la posibilidad de armonización en estas políticas clave. Nos han amañado la partida y se han asegurado la victoria.

Si la cosa ya está complicada a nivel transnacional, en España nos encontramos con un caballo de troya interno que magnifica el proceso. Nuestro nunca bien ponderado sistema de autonomías y las tensiones centrífugas de los viejos nacionalismos periféricos. En un momento en que la batalla vital debería ser la lucha contra el "dumping social" como única vía para salvar los estados del bienestar, nuestros ínclitos nacionalistas pugnan por mayores autonomías fiscales y capacidad normativa cuyo resultado no sería otro que la competitividad entre ellas por empeorar las condiciones sociales. No hablamos de futuribles puesto que tenemos ejemplos como lo ocurrido con la cesión del Impuesto de Sucesiones a las Comunidades Autónomas. A la "liberal" Aguirre le faltó tiempo para reducir drásticamente sus tipos arrastrando con ello a una carrera de rebajas fiscales de las demás autonomías que se encontraban con que resultaba facil a los possedores de grandes riquezas domiciliarse en aquellos lugares donde las condiciones fiscales fueran mejores. Que gente que se piensa de izquierdas se convierta en los abanderados de tal proceso solo se explica desde la estupidez y la ignorancia.

Volviendo al tema global, la Union Europea es a la vez un gran riesgo y una fuente de esperanza. Si con su configuración actual nos imposibilita la coordinación económica mínima que slavaguarde al estado social, también es verdad que dada su posición como un enorme actor económico global, si consiguieramos re-orientarla se convertiría en una fuerza clave para cambiar el sistema económico global, algo que los paises por separado nunca conseguirían. El referendum del Tratado de Lisboa en el que como borregos los españoles votamos tan alégremente resultó una dramática derrota, lógica teniendo en cuenta el escaso nivel de información en que se mantiene a la gente

El dilema del prisionero y sus distintas soluciones resulta fundamental a la hora de diseñar las estrategias de la izquierda. Como siempre, conseguir que la gente comprenda cuales son las circunstancias en las que jugamos resultará fundamental para poder lograr apoyos en nuestros empeños entre nuestros desorientados co-ciudadanos.