martes, mayo 04, 2010

Hacienda y yo.

Esta semana tocaba presentar la declaración del IRPF. Cuando reviso mis datos que (justo es admitirlo) tan eficientemente nos manda AEAT, me doy cuenta de que pago una cantidad muy importante al final del año. No soy yo de los que se quejan por el sueldo que les paga su empresa, la mía no paga mal, y a mí en concreto me parece que me paga bastante bien.

¿Y porqué me cuento esto a mi mismo (y a quien pase por aquí)? Pues porque el sentimiento asociado a hacerme consciente de la importante cantidad que aporto al erario público no es el de sentirme expoliado, lo que contrasta con las habituales quejas de todos los contribuyentes con los que me cruzo. Una vez más queda claro que mi forma de pensar se encuentra bastante desacoplada con las de la mayoría.

Analizo los datos y todo lo que nuestro famélico Estado me provee a cambio de lo que aporto: sanidad, educación, obras públicas, seguridad… Pagando seguramente por encima de la media, no tengo la percepción de dar más de lo que recibo (algo que por otra parte me produciría una mayor satisfacción). Lo que realmente me haría sentir bien es pensar que con mi aportación estoy contribuyendo al beneficio común por encima de lo que me lucro de él, pero no me salen las cuentas.

Cuanto más reflexiono más me cuesta entender porqué lo que resulta evidente para mí es tan difícil de comprender por mis conciudadanos.