domingo, junio 23, 2013

Economías enfermas y economías parasitarias (I). Un sistema que tiende al desequilibrio.


Que las economías europeas no andan bien es algo que nadie niega. Las hay que parecen vadear mejor la crisis con tasas de crecimiento débiles como ocurre en Alemania, tasas que en otros tiempos se hubieran calificado como de estancamiento, pero que por comparación nos parecen a otros envidiables. Parece lógico que los ojos se vuelvan a Alemania como modelo a seguir, y en esas estamos en lo que algunos denominan acertadamente el "austericidio". Otros economistas plantean visiones diferentes y apuntan a Alemania como fuente del problema más que de la solución. Parece paradójico que la economía que menos parece sufrir se identifique por algunos como el auténtico foco de la enfermedad, pero esa interpretación resulta muy acertada si se tienen conocimientos económicos básicos.

Pidiendo disculpas anticipadas por el rollo económico, dedicaré un par de entradas a cuestionar del mito de que economías como la alemana están teniendo que, sacrificadamente, sostener a las de sus vecinos pobres del sur, y trataré de argumentar como en realidad se comportan como parásitos que se sostienen a base de exportar sus desequilibrios a los demás.

Economías en equilibrio

Para desarrollar esta explicación necesito compartir aquí unas nociones muy básicas de macro-economía, que es la parte del pensamiento económico que estudia la economía de los países. Creo que, como casi siempre, despojado de tecnicismos los conceptos son sencillos y fáciles de comprender.

En todo sistema económico existen unos productores y unos consumidores. La economía funciona en equilibrio mientras que todo lo que se produzca se consuma, y entra en crisis cuando esto no es así. Cuando hablamos de consumo en sentido amplio estoy incluyendo lo que denominamos inversión, que no es más que un tipo de consumo realizado por la empresa para mejorar la producción futura.

En una economía capitalista, la producción se hace por manos privadas en busca de un cierto beneficio. Ese beneficio es lo que Marx denomina plusvalía, diferencia entre el valor de lo producido y los costes causados. El sistema funciona bien en principio y, con independencia de si es justo o no, es sostenible siempre que el empresario capitalista consuma (o invierta) ese beneficio o plusvalía.

A modo de ejemplo, si para producir lo necesario para vivir 10 personas se necesitan solo 8, el capitalista puede dedicar la producción extra a pagar a un criado que le haga vivir mejor y a un albañil que le amplíe su casa. También puede poner a dos personas a mejorar su fábrica para que el año que viene solo necesite 7 empleados para producir lo necesario para 10. Puede por último ser generoso o ser presionado por los trabajadores para que les aumente su salario y que ellos mismos consuman el excedente. En todos estos casos el sistema mantiene su equilibrio entre producción y consumo.

Lo que la economía capitalista no puede permitirse es que parte de lo producido se quede sin consumir, porque entonces el empresario decidirá despedir un empleado y ahorrarse los costes de una producción que luego no va a vender. Esto genera un círculo vicioso, porque el trabajador desempleado no gana dinero y no puede consumir, por lo que la demanda baja y se entra en una espiral de nuevos despidos y nueva caída de producción.

Distribución de la riqueza y exceso de beneficios

Es importante también entender el papel que juega en el sistema la inversión. En las economías capitalistas competitivas, los empresarios tienden a invertir parte de sus beneficios con el objeto de mejorar su producción y poder bajar los precios sin dejar de obtener beneficio. La innovación produce aumento de producción y la disponibilidad de una mayor cantidad de bienes. De como se repartan esos bienes en la sociedad dependerá el grado de justicia social del sistema, pero una vez más insisto que no estoy hablando ahora de justicia, sino de equilibrio, y todo seguirá funcionando bien en la medida en que todo lo que se produzca se consuma, que es la regla básica del equilibrio económico. Que haya gente que se forre y gente que pase penalidades no rompe el equilibrio, siempre que quienes más ganen gaste esos ingresos o los re-invierta. Lo que es un veneno mortal para el sistema (contrario a lo que el saber común seguramente entiende) es la austeridad y el ahorro no re-invertido, porque en ese caso entraremos en la espiral de despidos y bajada de demanda a la que me refería antes..

En nuestro sistema capitalista, existe una lucha política continua entre los trabajadores y los empresarios por ver quién se lleva una parte más importante del pastel de la producción. Desde los años 80, las estadísticas macro-económicas nos demuestran que los capitalistas andan ganando esta guerra a los trabajadores, y cada vez obtienen una parte más grande del pastel. El problema es que esta parte se vuelve mucho más de lo que estos privilegiados pueden llegar a consumir, incluso con un gran desarrollo de la industria del lujo como el que vemos.

Fuente Blog Pijus Económicus

Que baje la proporcion de rentas del trabajo no quiere decir necesariamente que empeoren las condiciones de vida de la mayoría trabajadora, dado que los fuertes incrementos de productividad pueden dar para mantener e incluso aumentar el nivel de consumo de estas mayorías aunque baje su proporción de los ingresos totales. La teoría económica dominante defiende que favorecer los beneficios empresariales es favorecer la re-inversión de esos excedentes, de forma que la productividad aumente y la tarta crezca para todos.

Aunque esta teoría es cuestionable, y sus consecuencias sociales puedan considerarse injustas, no voy a dedicar tiempo aquí a discutir este razonamiento en base a ninguno de esos dos motivos. Si discutiré sin embargo, como Marx explicó hace siglo y medio, que el proceso sea sostenible en el tiempo.

Exceso de ahorro y burbuja financiera

Con un sistema que favorece el beneficio empresarial con el objeto de re-invertirlo, se produce un excedente cada vez mayor. Llegado a un cierto punto, los excedentes capitalistas son demasiado grandes para unas posibilidades de re-inversión productiva limitadas, por lo que el capitalista tiende a dedicar los recursos sobrantes a actividades financieras y no productivas.

Una buena forma de ganar dinero con esos beneficios generados es dedicarlos a prestárselos a los trabajadores, para que estos a su vez consuman esa parte de producción generada que con sus salarios no pueden comprar. Con ello se consigue recuperar el equilibrio entre producción y consumo, apoderándose los prestamistas de parte de la renta futura de los trabajadores. Lo malo es que el proceso no es sostenible a largo plazo, porque hay un límite de endeudamiento pasado el cual el capitalista deja de prestar por miedo a que la renta futura del trabajador no sea suficiente par garantizar el cobro de la deuda. Los datos demuestran que el estallido de la burbuja del crédito del 2008, que no es más que un ejemplo de lo anterior, era la inevitable consecuencia de un sistema que tiende al desequilibrio.

Deuda privada (rojo) y pública (azul) en EEUU como porcentaje del PIB

Con unos capitalistas que ganan más de lo que pueden gastar, y unos trabajadores que tienen que apretarse el cinturón para devolver la deuda generada mientras "vivían por encima de sus posibilidades", la producción deja de venderse y la crisis estalla.

Conclusión

Hasta aquí una breve introducción a las contradicciones y desequilibrios a las que se encuentra la economía capitalista, modelo productivo adoptado por todos los países de nuestro entorno. En resumen diríamos que el sistema capitalista de mercado parece exitoso en fomentar los aumentos de producción, pero presenta problemas de sobre-acumulación que tienden a provocar crisis periódicas. Es un sistema que, independientemente de si es o deja de ser justo, tiende al desequilibrio.

En este panorama las economías nacionales de cada país se desenvuelven a partir de niveles de desarrollo no homogeneos, y adoptan medidas de política económica diferentes para intentar encontrar sus propias soluciones a los problemas y contradicciones en competencia con el resto de economías.

De ello hablamos en la próxima entrega (Economías enfermas y economías parasitarias (II). La salud del parásito es la enfermedad del huesped.).
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PD:  Me pide dos puntualizaciones Julia y las añado por si alguien tiene las mismas dudas.

En primer lugar me pregunta porqué no puede el empresario guardarse simplemente el beneficio cuando no hay demanda. En realidad el beneficio no surge en la producción, sino en la venta, por lo que si no hay demanda no existe beneficio. Prestar al trabajador permite que la producción se venda y se genere el beneficio, además de generar un beneficio extra por la vía de los intereses.

La segunda cuestión es porqué no exportar la producción sobrante si falta demanda interna. En esta parte planteo un análisis de la economía global , y evidentemente no existen marcianos a los que exportar fuera de la tierra. En la segunda parte entraré en al análisis de como a nivel nacional se acude a la exportación para compensar la falta de demanda interna que consuma la producción. Es lo que vendría a ser la receta alemana de salida de la crisis y que no deja a ser una forma de transferir a otros los problemas propios.